Rectificar es de sabios.

Rectificar es de sabios.

Antes de nada, te aconsejo no leer esto.
Imagínate que un día el tiempo comienza a ir para atrás. No sé, sería algo espontáneo, supongo que se pondría el cielo negro como en las películas y cuando la gente estuviese desplegando los paraguas, el tiempo empezaría a ir al revés. Ahora viene mi pregunta: ¿nos daríamos cuenta? Es decir, ¿cambiaría algo en nuestra realidad?
Una opción sería que todo se volviese loco. Los relojes irían en el sentido contrario, nosotros cada vez seríamos más jóvenes, mañana haría el tiempo que hizo ayer… vamos, lo típico. Aquí me surge la primera duda: suponiendo que esta hipótesis fuese cierta, ¿cómo retrocederíamos? Es muy complicado escribir lo que estoy pensando pero una idea sería que el tiempo tuviese memoria (de ser así, todo volvería hacia atrás tal y como sucedió antes) y otra sería que volviésemos a nuestro estado fundamental por cualquier vía, es decir, yo puedo volver a tener 3 años sin volver a vivir el día que jugué en el parque al fútbol, sino por otro camino que si bien es pa
recido (todas las vidas de los niños son parecidas) no es igual. Dadas estas dos ideas habría una tercera cuyo resultado sería el de la primera pero cuyas causas serían lo opuesto a las dos anteriores: el destino (parece que esté hablando de Lost pero no van por ahí los tiros…). Si existiese el destino, lo que tuviera que pasar pasaría, y todo sería al revés pero de la misma forma en que hubiera pasado antes. Podríamos comparar la primera de las ideas anteriores con el historial de navegación de un ordenador, y el destino con un libro, en el que suceden hechos bajo tu punto de vista, aunque ya estaban escritos mucho antes (el historial lo vas escribiendo sobre la marcha).
Todo este bloque sería la primera hipótesis, pero… ¿y si nada cambiase?
Pongamos que el cielo se vuelve negro de pronto, sacamos los paraguas, nos refugiamos bajo un portal y cuando pasa la tormenta salimos del portal, vamos a comprar el pan y continuamos con nuestra vida normal. Pero el tiempo ya está yendo para atrás. Y nosotros no nos estamos dando cuenta. Escalofriante. Aunque el tiempo fuese paraatrás, nosotros no lo notaríamos, y he aquí otras dos nuevas ideas. Si esto fuese así y el tiempo lo consideráramos un estado del universo, podríamos comprobar que a larguísimo plazo los astros se comportaban de una manera extraña, las estrellas no envejecían, etc, pero nosotros al ser parte de uno de esos astros, no estábamos afectados (como cuando vamos en un autobús, las cosas no se mueven con la velocidad). La otra idea sería que fuese a nivel general, donde nosotros también estaríamos involucrados, no sñe muy bien hasta qué punto. Escalofriante.
Ahora vamos a imaginar que en un momento de la historia tenemos la certeza de que el tiempo retrocede. ¿Cómo lo demostramos? Lo fácil sería mirar al cielo y ver que las estrellas giran en sentido contrario, pero yo veo al tiempo como algo más superficial a eso, que no altera esos factores. ¿Y qué factores altera el tiempo? Alargar este párrafo no lleva mas que a formularse más y más preguntas. Sólo sé que no me gustaria estar en la piel del que sabe que el tiempo va hacia atrás y no sabe como demostrarlo.
Demasiadas preguntas que tienen más preguntas como respuesta. De este tostón solo puedo sacar en claro que el tiempo es imposible que retroceda pero sí que es muy posible que se detenga para siempre en un momento dado y, sobre todo, creo que el tiempo no existe y que se lo inventó un jubilado delante de una obra.
Y ahora, vamos con los deportes.
You can’t be Kant

“Viens, j’t'emmène” me dijo aquella mujer cuando no le pedí ayuda. Estaba perdido pero tampoco tenía prisa en encontrarme, al parecer ella sí. Estaba visíblemente apurada de verme en tal situación. Empezó a hablarme aunque sabía desde el principio que no la estaba escuchando, y murmuraba palabras sueltas en mi
idioma que, por cierto, no era mi idioma. Me hablaba de su vida, de su familia, aunque le hablara al aire. Pero yo sí que la entendía.
Cuando me dí cuenta ya llevábamos un buen rato caminando. Ella parecía saber a dónde íbamos, aunque en realidad no lo sabía. Bueno, sí. Miraba las flores de la calle una y otra vez, porque todavía había margaritas en las farolas. También hablaba con la gente de la calle, parecía preguntarles algo que nunca sabría. Tenía la impresión de que hablaba con gente que ni siquiera existía, incluso tenía la sensación de que esa mujer me había visto crecer, de que me conocía de toda la vida. Era la primera vez que la veía, lo juro.
Pasada media hora de trayecto, la mujer seguía hablando de las mismas cosas y yo seguía igual de ausente que antes. ¡Ésa mujer estaba invirtiendo tiempo en que yo no acabase durmiendo bajo un árbol! No, yo tampoco lo entiendo. Intentaba seguirle el rollo, a veces. Sus viejos zapatos y la bolsa de la compra eran exactamente del mismo color. Esto no viene a cuento, pero me fijé, simplemente. Quizás no le ponga cara, pero eso no importa ahora. Ni ahora ni nunca.
Justo cuando llegamos, empecé a preguntarme a dónde íbamos.